lunes, 7 de marzo de 2011

Toca otra vez, viejo perdedor.

Comienza su turno a las dos en punto. Entonces se sienta, se alisa el traje negro (camisa blanca), enarbola una sonrisa seductora y dirige las manos al piano. A su alrededor, aristócratas arruinados y señoras con abrigos de falso visón beben wishky caro en un intento desesperado de negar el presente. Y yo me pregunto qué le llevó a él, que difícilmente habrá cumplido los treinta años, a maltratar a Sabina en semejante agujero, con el pelo engominado y la mirada vacía de nada.

Me dan miedo los mundos que se esconden tras las personas. Y a la vez, nunca hubo nada que me atrajera tanto.

2 comentarios:

Javier dijo...

¿Maltratar a Sabina? Aquí hay una buena historia, aunque falta la otra mitad. Es una lástima.

Shaynne dijo...

Estoy en ello ;)